Padre Ángel Buodo
El Hornero de Dios

Zamba para un Cura Criollo

1. ¡Gringo! ¡Cura criollo!... Gaucho de sotana.
Sombrero raído de turbio color.
Un charré y tres mulas llevaban tus sueños
hacia un horizonte desierto de amor.

2. Los viejos regazos de antiguos mapuches
templaron de acero tu carne y tu voz,
y la travesía se habría a tu paso…
¡Eras el profeta pampeano de Dios!

Estribillo

Ganaste caminos aplacando enconos,
sudando fatigas del oeste al sur;
para que tu santa palabra impusiera
el divino imperio del hombre y la Cruz…
Por eso, tu nombre, tu nombre Ángel Buodo,
en toda La Pampa es un faro de luz.

3. Paseó tu figura por chacra, boliche,
puesto, campamento, estancia y galpón…
Todo el paisaje se fue aquerenciando
al amparo gaucho de tu corazón.

4. ¡Soldado de Cristo! ¡Salesiano santo!
Entraigas te llama Hornero de Dios.
Araste esta tierra a los cuatro rumbos,
sembraste esperanzas…, cosechas de amor.

Letra y Música: Anita Carmen Gentile

Altar Angel Custodio - Capilla de Puelches La Pampa

La Capilla de Puelches se llama
Ángel Custodio en honor
al Padre Angel Buodo



Palabras escritas del
Padre Celso José Valla s.d.b, en su trabajo histórico: Primeros pobladores anotados por la Iglesia, Centenario de Puelches, 1900-2000

La siguiente información corresponde al libro:


El padre Ángel Buodo


La tarea de este salesiano es digna de señalarse por sus 24 visitas a Puelches con 318 bautizos y casi igual número de confirmaciones y varios matrimonios. De principio fue campenacho con los capitanejos Calderón, Salas, Salto, Goyeneche y otros.
Una noche los indios lo habían invitado a comer potro , cosa que no acostumbraba por su régimen vegetariano, y fue cuando se metió uno de ellos en la pieza para hurgarle los pantalones. Buodo, que como el tero dormía con un ojo abierto y el otro cerrado, lo seguía y le dijo: - ¿Qué busca usted de noche? ¿Lo que yo no encuentro de día?
A la mañana siguiente  los hizo pasar a todos a su cuarto, uno por uno, “para decirles unas palabritas al corazón”, escribe el misionero.

Padre Angel Buodo - Historia de Puelches La Pampa

Padre Ángel Buodo

1- Los caciques del lugar

El misionero describe en sus cuadernillos a los caciques del lugar: “De todos ellos el más conocido es Domingo Maldonado unido a Andrea Tocanao, muy agria y silvestre como ninguna otra. El cacique conserva su tribu de 300 indios. Lo encontré ya achacoso y sin deponer su carácter vanidoso siendo más amante de adornos que los niños de juguetes.
El cacique más progresista, de cuando conocí a Puelches, es Bernardo Pichicurá casado con Enriqueta Unaeché, que en 1920 contara con 20 familias propietarias. Buen escribano con excelente letra y regular ortografía. Educado en el Colegio Don Bosco mostró siempre una verdadera sed de instrucción, lo que disponía bien a él y a su gente para aprovechar las visitas del misionero.
La anciana Doña Rosario Videla, ya centenaria es que la me ah dado más antecedentes de la indiada. Son restos de tribus que vivían en los campos de Lihué Calel donde tenían sus yeguarizos, vacas, ovejas y cabras en gran cantidad. Fueron dispersados en el año 1.877 por el General Nicolás Lavalle.”
El Padre Buodo guardaba un buen recuerdo de Don Bernardo Pichicurá. Cuando llegaba a Puelches estaba tan lleno de respeto que hasta sacaba a su madre, una viejita todavía guapa, para disponer una piecita para la misa y el catecismo.
En 1922 un señor que había comprado tierras les quemó las chozas. El Padre tuvo que ir a Buenos Aires y secundado por María de Rodríguez, puso término a las vejaciones que recibían los indígenas. A estos caciques principales les seguían los capitanejos, título que adquirían por su audacia, el valor y la fidelidad al cacique.

2- Un cuadro de costumbres

Padre Angel Buodo - Historia de Puelches La Pampa

El misionero Buodo describe a los caciques del lugar ofreciendo un amplio cuadro moral de los indígenas: “Los más conservan las antiguas y bárbaras usanzas. No reconocen ningún matrimonio civil ni religioso. No se preocupan por bautizar a sus hijos y oyen con indiferencia lo que les enseña el misionero. Sin embargo cuando hay un cacique bien dispuesto, como lo era Pichicurá, es mucho el bien que se obra.
La población indígena disminuye considerablemente debido a la falta de agua, el abuso de tabaco, el alcohol, la falta de vacunas y remedios. El frío, la poca alimentación, la carencia de abrigos obran lo demás. La tuberculosis es la que consigue mayor cosecha entre ellos. El indio no conoce más trabajo que el arreo, el transporte de carros y la esquila. Cuando van a esquilar forman grupos variables de 6 a 9 compañeros, llamados “comparsas” y recorren todos los establecimientos ganaderos ofreciendo sus servicios. Es poca la retribución que piden, al dejar sus ranchos de marzo hasta noviembre.”
3- El aborigen se integra con el gobierno civil

El padre Buodo los integra con su influencia. Logra que el aborigen se libere del mando del cacique para quedar sujeto al poder civil, a través de la Policía y las fuerzas vivas del pueblo.
Así se expresa con claridad: “Cierto día estaba en un almacén con indígenas bebiendo. Yo les decía:- No deben gastar el dinero en bebidas alcohólicas.
– ¿Qué está diciendo? Me interrumpió el bolichero. ¿No ve que yo vivo de eso?
– Bueno, dije: tienen que comprar géneros para vestir decentemente a sus hijos y galleta para que no mueran de hambre.
Fue uno de esos días que me encontré con el cacique Maldonado a quien le dije:
- No veo el poder de cacique que vos tenés.
- Mañana lo va a ver, me dijo.
A pocos días el cacique orgulloso me dijo: - ¿Hay o no poder? No son amigos de la policía…

¿Qué había pasado? Un oficial de policía a caballo había llegado a Minerales, donde un indio lo asaltó y le cortó la cabeza y con ese caballo se fue a Chile.
Al volver después de cinco años, le bauticé dos hijos y tanto les hablé a los aborígenes de la policía que algunos de ellos acabaron siendo vigilantes.”

El fruto está a la vista con la celebración del 25 de mayo de 1917. El comisario de Policía de Puelches, un valiente mestizo, de acuerdo con Bernardo Pichicurá, organizó la fiesta reuniendo a varios indígenas con una extraordinaria manifestación a la Patria.

4- La aculturación a través de la fe y la esperanza

La maestra Amade de Valleé escribió unas páginas del indio mapuche o saladino y su relación con el misionero; resalta el cariño del padre con los niños. Algunos de ellos fueron internados en el Colegio La inmaculada de Gral. Acha para recibir educación.
Amade escribe: “Difícil misión del padre, penosa en demasía, para un hombre que frisaba los 60 años. Visitaba una isla llamada “ de La Paloma “, habitada por indios sumidos en la mayor ignorancia Sólo el cacique tenía algo de capacidad, debido a su rango de jefe que lo obligaba a cruzar el río para negociar y conseguir algunas cosas a cambio de cueros y plumas. El era el único que dominaba el castellano.
Para llegar a ellos el sacerdote tenía que cruzar el río a nado prendido de la cola de un caballo. Cuando por primera vez llegó a la isla, los chicos huyeron despavoridos, mientras los mayores reían al ver un hombre “con polleras”…A la voz de mando del cacique, todos se reunieron y escucharon por primera vez la palabra de Dios.
Muchos días estuvo entre ellos el padre aficionando misas, casando a los padres y bautizando a sus hijos. Muchos consejos recibieron, enseñanzas útiles para mejor su vida, salud y hacienda. El padre impartió instrucciones para que no se dejaran estafar por el bolichero del otro lado del río. Les enseñó a cortar y emparvar los ricos pastos naturales que cubrían la isla, para sí tener forrajes para los animales durante el invierno.
Cuando al año siguiente regresó, ya estaban en un grado de adelanto superior y lo recibieron con alegría y confianza. Los niños se acercaban cariñosamente. Uno quiso brindarle parte de una galleta que estaba comiendo: “¡Tatita, comé galleta de mi!...”
Estaban afanosos por rezar las oraciones que el les había enseñado y demostrarle que no las habían olvidado. Reinició la enseñanza del catecismo, dio comuniones y confirmaciones.
Cada año regresaba el misionero contento y con mayor satisfacción, delatándonos el progreso y adelanto obtenido en su misión, entre aquellas almas duras e ignorantes, pero cuya calidez permitía que la buena semilla fructificara… ¡Este año -decía- hasta bien conseguido un fotograbo!”


5- Relaciones del misionero con el vecindario

Buodo estuvo relacionado con el vecindario de Puelches y su zona.

Pasaba por La Florida donde Feliciano Lana le regaló un sulqui y tres mulas para que las de él descansaran. En La Escondida el señor Francisco Silva y Tomasa Lana lo atendían con amabilidad ayudándolo con la misa el señor Colado, después de 29 años que no lo hacía.
En sus cartas el Padre recuerda la amabilidad y bondad de José Arrarás, dueño de Las Dos Naciones, del señor Juan Garat de Las Arcaicas, donde se construyó una Iglesia a San Juan Bautista. Del señor Ramón Dupón y amigos de Chacharramendi: José y Manuel Feito. Don Ramón Otero, dueño de La Asturiana le regaló un mulo para sus viajes. También recuerda a los señores Pedro Martínez, Francisco Pérez y Ramón Seine, dueños de La Moderna. El padre escribe: “pude describir corazones nobles. La distancia de su Patria no les hizo perder la fe.”
El padre cita a Bernardo Cueto de la estancia San Bernardo. Les recomendó internar a sus hijos en el colegio La Inmaculada. Sus amigos de Curacó Domingo Etchecopar, Pedro Castro, José Alonso, Hilarión Arrese, Julio Jullerat juez de paz, Angelino y Anastasio Mayor con casa de comercio y otro de Feliciano Lara, Colado y Cía. A todos promete, en sus cartas, la visita anual después de visitar el cementerio hecho por disposición popular.


Un viaje azaroso

En 1912 el padre tuvo un percance que el mismo narra al salir de Puelches: “Una mula vuelta cúchara, en una de esas, me asustó, volvió atrás y echó a correr como 50 metros, hasta que el vehículo volcó, cayendo la mula sobre mí. Me sentí aplastar el esternón, el costado y la espalda derecha. Como Dios quiso, invocando a María Auxiliadora, puede salir y enderezar el sulki, con mi equipaje, y seguir camino hasta Don Agustín Vivier. Este se hizo cargo de mi situación. Me ayudó y pasé la noche. Los dolores no me permitían moverme, no podía levantar peso, ni toser ni respirar fuerte, ni estornudar. ¡Quedé casi inútil! Agustín tuvo que trabajar mucho para uncir la mula. Al final lo consiguió y me prestó un chico para que me abriera las tranqueras de la picada.
Al día siguiente me revisó el Doctor Millot, después de oír todos la Santa Misa. No tenía rota ninguna costilla y me aplicó remedios con mucha paciencia.”

El Padre un día después hizo misa en El Trabajo y San Carlos. Continuó con su misión en San Joaquínde la señora Busquet, El Siete de Miguel Ardohain, El Puntudo de Francisco Aguillón , San Juan de Juan Iracet, San Jorge de Adolfo Zuberbühler; San Ignacio de Manuel Del Río, El Recreo de Juan Aguer, San Laureano de Esparza hasta llegar a Pichi Huinca donde dio pasto a las mulas. Amelia Encano lo acompañó a tomar el tren a Bahía Blanca donde lo trató el Doctor Veres. Le halló dos costillas un poco hundidas y le recetó fajas con yodo por varios días.
Al llegar a General Acha 20 días después del vuelco, casi sano pudo celebrar sus bodas de plata sacerdotales. En la estación lo esperaban con tres Bandas de música de varios salesianos junto al Padre Inspector José Vespignani por un gran motivo : sus bodas de plata sacerdotales coincidían con los años de la Misión Salesiana en La Pampa ( 1896- 1921).

Después del Padre Buodo que dejó de atender espiritualmente a Puelches por enfermedad, fueron capellanes Manuel Pisano, Myles Somonte King, Enrique Olivares, Juan Doll, Celso Valla, Carmelo Marmmana, Roberto Grosso, Gabriel Wade, Serafín Molino, José M. Barbano, Valentín Holzman , Celso Valla nuevamente hasta su fallecimiento.

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